28/12/12

LEONARDO TORRES QUEVEDO inventor polifacético

Hace tiempo que tenía pensado hacer una entrada en mi blog dedicada a este interesante personaje español, hoy en el recuerdo del 160 aniversario de su nacimiento Google me lo ha recordado a mi y a todos. Para la mayoría de los jóvenes, y no tanto, será un personaje del que no habían oído hablar en su vida, razón de más para rendirle un merecido homenaje.
Doodle del 28 de diciembre

Nuestro personaje Leonardo T. Quevedo nace tal día como hoy, el 28 de diciembre de hace 160 años ni más ni menos que en 1852, en la ciudad de Santa Cruz de Iguña, Santander, hijo de un ingeniero de caminos de origen andaluz, Luis Torres y de Valentina Quevedo, hija del pueblo de Iguña.
Por el trabajo de su padre reside en Bilbao, donde cursa sus estudios de bachillerato, por motivos laborales su padre es trasladado, pasando él a residir en casa de unas familiares solteras, las hermanas Barrenechea, que depositan su cariño en el chaval hasta el punto de nombrarle su heredero.
Sus padres le envían a estudiar a París entre 1868 y 1870; a su vuelta, ya con la familia en Madrid, ingresa en la Escuela de Caminos  donde termina la carrera en 1876. Tras un breve periodo trabajando en los ferrocarriles, y ya poseedor de los bienes que le han dejado las señoritas Barrenechea, decide abandonar el ejercicio de la profesión y dedicarse a conocer los ambientes sociales y científicos europeos, principalmente de París. 

En abril de 1885 con casi 33 años se casa con otra santanderina, Maria Luz Polanco, en Portolín cerca de Molledo, allí viven durante algunos años. El fallecimiento de su primer hijo hace que el matrimonio se traslade a Madrid en 1889, donde residirá hasta la muerte de Leonardo, el 18 de diciembre de 1936.

Sus trabajos de investigador científico y constructor de artilugios mecánicos y eléctricos se empezaron a difundir en 1893 cuando hace pública, para pedir una subvención, su Memoria sobre una máquina para resolver ecuaciones que le hace conocido y apreciado por la comunidad científica. Se imprime en 1895 y la presenta a la Academia de Ciencias francesa.

Años antes, tras ver en los Alpes suizos unos funiculares, concibe y ensaya en Portolín un nuevo sistema de transbordador aéreo de hilos múltiples, que se construirá perfeccionado en el Monte Uría de San Sebastián (1907) y sobre el río Niágara (Canadá 1916), en una zona denominada el Whirlpool (remolino), donde aguas abajo de las famosas cataratas el cauce toma un curso cerrado en más de noventa grados provocando grandes corrientes y remolinos que han modificado la curva a lo largo de miles de años, y donde hoy día sigue en explotación como The Spanish Aerocar.
Algunos detalles de la ubicación junto a las cataratas del Niágara del Spanish Aerocar, un atracción más para los visitantes de las cataratas.




Yo mismo sobrevolé la zona en helicóptero en 2009 y os puedo mostrar fotos de primera mano de la zona.
Con una pizca de malicia, los canadienses me explicaron que el inventor español era un buen técnico, pero sin ninguna idea de geografía, pues parece ser que la idea era cruzar al otro lado del río y de la frontera ya que enfrente se encuentran los Estados Unidos, pero el trazado va de la zona canadiense a la misma zona canadiense, evitando una gran curva del río. Desconozco las verdaderas razones del proyecto y lo dejo ahí.
Desde al Aerocar, se pueden ver hoy día las espectaculares maniobras de las embarcaciones rápidas que derrapan sobre las turbulentas aguas del río Niágara

El éxito de los globos aerostáticos, y su posible utilización militar y de transporte, los hace evolucionar, buscando el control de los movimientos y la posibilidad de propulsarlos en su desplazamiento por el aire, hasta los denominados dirigibles. El pionero Giffard, hizo los primeros intentos utilizando un motor de vapor inadecuado por su peso y su tecnología, en 1852. Casi cuarenta años más tarde, en 1883, Tissandier vuelve a intentarlo, empleando un motor eléctrico falto de suficiente potencia.

Hasta los modelos del conde alemán Von Zeppelin con motor de combustión interna, no se construyen verdaderos dirigibles. El primer vuelo con éxito es el 2 de julio de 1900 y, casi inmediatamente, Santos Dumont fabrica en París varios modelos de pequeño tamaño con un éxito total; lo detallé en una entrada anterior sobre Santos Dumont.
Estos hechos llegan a conocimiento de Torres Quevedo, que se interesa por los nuevos artilugios y especialmente por su configuración estructural. En los alemanes, el globo contenedor era rígido con una armadura interna indeformables, mientras que en los franceses la tela se hinchaba a presión.

El investigador santanderino estudia la estabilidad y los esfuerzos que se producen en los dirigibles, presentando unas Memorias sobre ellos a las Academias de Ciencias de Madrid y París en 1902. Basándose en sus conclusiones, concibe y calcula una estructura triangular, formando un conjunto trilobulado. Torres Quevedo calcula las presiones sobre la superficie del globo fusiforme para adaptar a ellas la resistencia de los triángulos.

El gobierno español decide conceder a Torres Quevedo una subvención de 60.000 pesetas para construir un prototipo experimental; el 4 de enero de 1904, en el Ministerio de Fomento se crea el Centro de Ensayos Aeronáuticos, nombrando director a Leonardo, que ya lo era del Laboratorio de Mecánica Aplicada, previsto en 1901 pero que no se puso en marcha hasta 1910, y que posteriormente se denominó Laboratorio de Automática.


Con la colaboración de Alfredo Kindelán lleva acabo los cálculos de detalle del dirigible, iniciándose su fabricación en 1905 bajo el nombre de "España", patentando Torres Quevedo su sistema en 1906. Tras casi dos años de trabajo, en 1907 se prueba el aparato en el Parque Aerostático de Guadalajara, que el jefe de aeronáutica, Coronel Vives, había puesto a disposición del inventor, se perciben algunas deficiencias que se corrigen en un nuevo ensayo al año siguiente. Sin embargo, no se renueva el permiso para que siga utilizando el Parque y sus instalaciones para las experiencias de vuelo, y los intentos para continuarlas en otro lugar no obtienen resultados.
El dirigible de Torres Quevedo sobrevuela los cobertizos de ASTRA

En 1909 Torres Quevedo, convencido del total desinterés que muestran las autoridades españolas ante su invento, se pone en contacto con la fábrica francesa Astra, que le alquila un pequeño hangar y, tras algunos ensayos, le solicita la cesión de la patente para aplicarla a sus modelos.
El Ministerio de Fomento lo autoriza, salvo en España. Nace así el dirigible Astra-Torres, cuyo primer ejemplar de 8.000 m cúbicos se eleva en el histórico Campo de Issy-les-Moulineux en 1911, tras comprar la patente le empresa francesa, convencida de su rentabilidad. En 1914 se lanza el Astra XV de 23.000 m3 y durante la Gran Guerra se producen, para Francia y para Inglaterra, cerca de 75 aparatos.

En 1919, por sugerencia de Emilio Herrera y con su colaboración, presenta el proyecto de un dirigible mejorado, el Hispania, que tendría capacidad suficiente para ser utilizado en el transporte comercial de pasajeros entre España y Argentina. Sin embargo, ni el proyecto de Torres Quevedo pudo llevarse a cabo, ni se estableció la ansiada ruta Sevilla-Buenos Aires a pesar de los esfuerzos de Herrera.

Relacionado con el control de dirigibles, el inventor santanderino concibe un sistema para teledirigir los movimientos mecánicos, el telekino, que patenta en Francia en 1902 y en España en 1903. Lleva acabo experimentos con un triciclo en Madrid, y con una barca en Bilbao y en estanque del Retiro, entre 1904 y 1906, sin conseguir ayudas para desarrollar su invento.
Leonardo Torres Quevedo presencia, junto al capitán Félix Samaniego,
las pruebas del dirigible en Sartrouville

Las investigaciones sobre automática le llevan a construir en 1912 un "ajedrecista" capaz de hacer algunas jugadas sin intervención humana, que perfecciona con un modelo de 1920.

Leonardo Torres Quevedo fue elegido académico de número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1901, y de la Real Academia Española en 1920, además de miembro de varias academias y sociedades científicas en Francia, España y América.

En 1929 se le otorgó uno de los primeros títulos de ingeniero aeronáutico, al crearse la ESA.