17/7/12

Posibilidades para el aeropuerto de LLeida Alguaire.

Cuando se diseñó la estrategia para la construcción de una aeropuerto en Lleida, se eligió uno a medida de las necesidades del momento, un aeropuerto que partiendo de una base sólida iría creciendo a medida de las necesidades o expectativas reales.
Otros modelos como el de Ciudad Real se decantaron por unas expectativas de máximos y construyeron  un aeropuerto de más de 600 millones de euros creyendo que tendrían clientes para llenarlo.
24.000 m2 de terminal, 10 puertas de embarque, una pista de 4 km. de longitud, 1.000 hectáreas de terreno etc. etc.
Lo de Castellón no tiene nombre, un aeropuerto sin aviones ni expectativas, construido por la megalomanía del cacique Fabra, donde el único aparato es el que han colocado sobre su colosal escultura de 300.00 euros.
200 millones de euros de inversión y aún sin un solo vuelo comercial.


Parece que en Lleida fue diferente. Los elementos básicos: una pista de 2,5 km., similar a la tercera pista de El Prat de Barcelona; la torre de control y los sistemas de aproximación fueron pensados para una larga duración pudiendo ser útiles a millones de pasajeros. Sin embargo, la terminal, la plataforma para los aviones y el aparcamiento para vehículos se hicieron de acuerdo con necesidades realistas o expectativas razonables. Todo ello se traduce en una inversión de 95 millones de euros, menos de lo que cuesta de media, un kilómetro de túnel de metro en Barcelona, cuatro kilómetros de autopista o tres kilómetros de vía de tren de alta velocidad.
A pesar de las ajustadas previsiones, la realidad de la crisis ha hecho mella en este aeródromo cuyas frecuencias de vuelos y compañías han ido menguando llegando a ser anecdóticas, con movimientos de charters para esquiadores en invierno pasado o celebraciones como el Campeonato de España de Vuelo Acrobático celebrado en Mayo de este año.
Superada la crisis o cuando las condiciones lo demanden, el aeropuerto sería capaz en poco más de un año de incrementar su capacidad hasta los dos millones de pasajeros sin detener su actividad normal, aunque a la vista del volumen del finalizado 2011, con 28.000 pasajeros en la temporada de invierno, de los cuales 26.000 han correspondido al tour-operador Thomas Cook y solo 1.700 a la regional Air Nostrum, parece que no será necesaria esa ampliación a corto/medio plazo.
Este es un modelo que han seguido otros aeropuertos internacionales grandes y pequeños. En los tiempos que vivimos, parece lo más racional crecer en función de las necesidades y no esperar que construyendo a lo grande los aviones vendrán solos, con un gasto difícil de asumir a corto término y más difícil todavía amortizar. También con el riesgo añadido que en el momento de una demanda real, las infraestructuras y tecnologías instaladas hayan quedado desfasadas.
Pero no nos equivoquemos, estar dispuestos a crecer no quiere decir que se de por hecho. La inversión se ha de demostrar necesaria y cargada de argumentos para realizarse.
Al aeropuerto de Lleida-Alguaire le queda un largo camino de dificultades en plena crisis económica. Tenemos poca memoria, la trayectoria de aeropuertos como el de Gerona o Reus está llena de sinsabores, de buenos momentos y otros no tanto. Un día una compañía deja el aeropuerto y al día siguiente empieza otro proyecto. Todo el mundo puede colocar en una balanza los pros y contras de un aeropuerto, partidarios y detractores; pero de estas infraestructuras como de muchas otras se debería hacer balance al cabo de unos veinte años de funcionamiento, entonces sabremos si la apuesta fue acertada o no.


Ahora bien, sabemos que el aeropuerto comenzó a funcionar en el peor año de la peor crisis de los últimos cincuenta años y superó las previsiones de pasajeros a pesar de los ríos de tinta de la prensa catalana, de hecho, en más de sesenta mil pasajeros, superando las cifras obtenidas el primer año de los seis últimos aeropuertos abiertos en España. En el ranquing de pasajeros, en solo un año, ya tuvo trece aeropuertos por detrás en la lista de los cuarenta y siete que operan en España.
Los bomberos dan la bienvenida al primer vuelo recibido por el nuevo aeropuerto de Lleida-Alguaire, . EFE/LAURENT SANSEN
La existencia del aeropuerto de Lleida forma parte de una estrategia para tener la posibilidad de ser internacional. La aviación es el transporte fundamental del siglo XXI. No se puede ser ciudadano del mundo sin aeropuerto, y las comarcas de Lleida quedan demasiado lejos de los aeropuertos de Barcelona, Gerona y Reus, a pesar de que mucha gente de Barcelona piensa lo contrario.
Las casi cuatrocientas hectáreas del Pla del Sas querían convertirse en punto de partida de un nuevo crecimiento económico, industrial de los municipios de Alguaire, Torrefarrera, Rosselló, Almacelles y Almenar, así como de la ciudad de Lleida. Una segunda opción sería crear actividades económicas vinculadas al aeropuerto que pudiesen, con el tiempo, transcender a su entorno.
El mantenimiento de aviones y su desarrollo comportará un conjunto de actividades complementarias que se extenderán primero en el entorno aeroportuario y después a los pueblos colindantes.
El mercado de carga aérea en España se concentra en el aeropuerto de Madrid y en menos medida en el Barcelona. Son aeropuertos que priorizan los pasajeros y que a su vez tienen limitaciones nocturnas que no permiten una actividad óptima de carga aérea. Esta es precisamente la oportunidad de aeropuertos alternativos como el de Lleida-Alguaire. Otros ya llevan ventaja en este sentido como son los de Zaragoza y Vitoria; quedando todavía espacio para competir con un aeropuerto que ya puede abrir las 24 horas del día y que cuenta con una capacidad de crecimiento indefinido en el marco de un proyecto nacional.


Si hablamos del mantenimiento de aviones, partimos de la base que Iberia y el Consorcio de la Zona Franca han puesto una pieza clave en el aeropuerto de Barcelona. Todo nuestro país tiene un gran potencial para crecer en este ámbito, con una climatología mucho más favorable que la de países de nuestro entorno. Lleida cuenta además, con todo el espacio disponible necesario para el estacionamiento de largo tiempo de aviones, con el consiguiente menos desgaste que el de los aviones detenidos cerca del mar, donde la humedad salina genera mayor riesgo de oxidación y degradación de materiales.









Soñemos con el espacio


Ya llevamos algunos años oyendo hablar de los vuelos sub-orbitales en el marco de un nuevo tipo de turismo. Diferentes grupos públicos y privados empezaban una carrera de fondo para tener un hueco en este nuevo negocio.
El aeropuerto leridano reunía muchas de las condiciones para ser una buena base de este tipo de vuelos: una pista de 2,5 km ampliable a 3, con la longitud necesaria y sesenta metros de ancho, lo que necesita la nave espacial Virgin Galactic, una superficie de trescientas setenta hectáreas en en medio del Pla del Sas, de 2.000 ha.; poca densidad de habitantes, y unas cabeceras de pista sin poblaciones en la proyección del vuelo.
Hay espacio para construir el hangar propio y depósitos de combustible y para construirlo a una distancia de seguridad suficiente. En caso de emergencia, la base militar de Zaragoza con equipamiento de radar en altura, a solo 123 km. de distancia, podría actuar de aeropuerto alternativo con una pista de 4,5 km, ya que sus recursos han estado entrenados para recibir astronautas de la NASA en casos de emergencia.
La climatología mediterránea, con un tiempo excelente para operaciones durante prácticamente todos los días de verano y buena parte de la primavera y el otoño, es también un argumento a considerar. Los emplazamientos alternativos en Europa tienen limitaciones: la base de Kirina en Suecia tiene su momento estelar en las auroras boreales; la hipótesis alternativa de Escocia, que sería un buen emplazamiento, solo puede usarse en verano, mientras no mejoren las tecnologías, por eso el aeropuerto de Lleida puede soñar con ser una alternativa interesante.




Las informaciones disponibles para construir un Space Port en Europa indican un conjunto de dificultades que hacen que Lleida-Alguaire aspire a ser algún día un aeropuerto con vuelos suborbitales de Virgin Galáctic o de otra compañía.
Las imágenes que se verían desde la nave si nos alejáramos 100 km hacia el cielo por encima de Lleida serían las islas Baleares, las de Córcega y Cerdeña y todo el norte de África, los Pirineos y una parte importante de Francia y España.
El proyecto espacial podría ir mucho más allá de la versión tradicional del puerto espacial, en la línea del de Nuevo Méjico. Se podría plantear una infraestructura que acogiese miles de personas cada año para acompañar todo el proceso de despegue del prototipo para ir al espacio y descubrir de manera pedagógica, cual es el potencial del nuevo mundo que estará muy presente en nuestras vidas el resto de este siglo XXI.


Puestos a soñar, también sería posible realizar un parque temático que generase las condiciones de divulgación e investigación del mundo del espacio, todos los temas relacionados con los astronautas, su entrenamiento y capacitación, sus sensaciones, la participación en procesos parecidos que permitirían captar a la gente nuevos estímulos y quien sabe donde nacen las nuevas aficiones o carreras.
La imaginación es una cualidad que acompaña a la ambición cuando hablamos de grandes proyectos. Este sueño podría ser uno de ellos.


Algunas fuentes: Cataluña más allá de las nubes, www.aeroportlleida.cat