5/5/11

Antoine de Saint-Exupéry. Escritor, soñador y sobretodo piloto

De fama mundial, "El Principito" es conocida  por muchísima gente y de hecho, tengo entendido que en últimas encuestas de hábitos de lectura, ha vuelto a resurgir como un libro muy actual que se tiene en la mesita de noche.
 "Pero si me domesticas tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mi único en el mundo. Seré para ti, único en el mundo".

La vida de este hombre fue de lo más novelesca. Nacido en Lyon (Francia) el 29 de junio de 1900, ha sido recordado como escritor más que como aviador, salpicó sus escritos de imágenes aéreas, el volar era su pasión desde muy joven.
Nació el tercero de cinco hijos en un matrimonio de ascendecia aristocrática. Antoine no pudo conocer mucho a su padre que era inspector de seguros y murió cuando él solo tenía 4 años. La madre sin embargo casi viviría hasta los cien años, Marie de Fonscolombe era hija del barón de Môle.
Su educación refinada en aquellos caserones donde veraneaba, le hicieron crecer su afición por la lectura la música y la pintura (las ilustraciones de El Principito son del autor). Comenzando los "locos años veinte", se relacionó con amigos bohemios en aquel París vanguardista.
Intentó sin éxito ingresar en la Escuela Naval y dirigió sus estudios a la arquitectura en Bellas Artes. Sin una idea clara sobre su porvenir, el servicio militar le encarrila en lo que sería su gran pasión, volar.

Tras obtener el título de piloto civil, se licencia en 1923 como subteniente des caza del III de aviación. Como tantos jóvenes idealistas de su edad, se da de bruces con la realidad y comienza a realizar trabajos tan distintos como taxista aéreo o representante de camiones, si bien es cierto que su novia  lo quería apartado de oficio tan peligroso. En 1926 comienza su etapa literaria, alimentada  de experiencias y observaciones del mundo de los pilotos donde descubre su nueva pasión, la escritura, pero esto no hace sino que alimentar sus ansias de volar y comienza a trabajar en octubre de ese año como piloto de correo de líneas aéreas Latécoère, creadas para conectar Francia con Africa y América del Sur, en un constante flujo de vuelos nocturnos.

En su novela "Vuelo nocturno", la trama gira en torno a este tipo de recorridos y Didier Daurat, "el Rivière" es jefe de explotación de la línea, que impone una disciplina férrea-educada que no deja impasible al escritor.

1926 marcó un giro decisivo en su vida, con la publicación de la novela breve El aviador, en Le Navire dargent de J. Prévost, y con el contrato como piloto de línea Latécoère. A partir de entonces, a cada escala del piloto correspondió una etapa de su producción literaria, alimentada con la experiencia. Mientras se desempeñaba como jefe de estación aérea en el Sahara español, escribió su primera novela, Correo del Sur (1928).
En 1929, Didier lo traslada a Buenos Aires, al ser nombrado director de la Aeroposta Argentina, filial de la Aéropostale, donde tuvo la misión de organizar la red de América Latina. Ese es el marco de su segunda novela, Vuelo nocturno. En 1931, la bancarrota de la Aéropostale puso término a la era de los pioneros, pero Saint-Exupéry no dejó de volar como piloto de prueba y efectuó varios intentos de récords, muchos de los cuales se saldaron con graves accidentes, en el desierto egipcio en 1935, y en Guatemala en 1938.
En la bahía de Saint Raphaël su hidroavión se hunde en el mar, donde "respira agua" según la que será su esposa Consuelo. Catastróficos serán también los raids entre París y Saigón (1935-1936) y Nueva York y Tierra de Fuego (1938).

Es en la Argentina de 1931 donde conocerá a la salvadoreña Consuelo Sucín, viuda del diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo; ella no es otra que la "rosa" de El Principito,
además de destacada figura en los ambientes culturales de París años atrás.

En los años treinta multiplicó sus actividades: cuadernos de invención, adaptaciones cinematográficas de Correo del Sur en 1937 y de Vuelo nocturno en 1939, numerosos viajes (a Moscú, a la España en guerra), reportajes y artículos para diversas revistas. Durante su convalescencia en Nueva York, después del accidente de Guatemala, en el raid N.York-Tierra de Fuego, reunió por consejo de A..Gide los textos en su mayor parte artículos ya publicados que se convirtieron en Tierra de hombres (1939). 

En su relato "Vuelo nocturno", el escritor ficciona la poco convencional profesión de los correos aéreos, rindiendo tributo a Didier, pero también al avión y la noche como símbolos interiores y por supuesto a la inmensa soledad del piloto, que con escasos medios técnicos se enfrenta a diario al frío, la oscuridad y a veces las tormentas vislumbrando a lo lejos las luces de casas, sin saber si esa noche conseguirá encontrar el rumbo o un lugar donde posarse. Las inmensas montañas, son también protagonistas en esos miedos del piloto en plena oscuridad y con una sola compañera, la radio.
El éxito del libro "premio Fémina" de aquel año,fue tal que sirvió para el aumento en las nuevas remesas de pilotos.


Las siguientes "aventuras aéreas" tienen como marco la segunda Guerra Mundial; en 1939 es movilizado por el ejército francés en el grupo de reconocimiento II/33. Luchó con la aviación francesa en misiones peligrosas, en especial sobre Arras, en mayo de 1940. Con la caída de Francia marchó a Nueva York, donde contó esta experiencia en Piloto de guerra (1942).

En Estados Unidos se mantuvo al margen de los compromisos partidistas, lo que le atrajo la hostilidad de los gaullistas, a la vez que su casa era centro de reunión de personajes como Dalí o Miró.
Su meditación se elevaba por encima de la historia inmediata: sin desconocer las amenazas que la época hacía pesar sobre el "respeto del hombre", como lo relata en Carta a un rehén (1943), optó por la parábola con El principito (1943), la fábula infantil de contenido lirismo e ilustrada por él mismo, que le dio fama mundial. 
Es en su obra Piloto de guerra, donde prescinde de la ficción para volcarse cual reportero en el testimonio directo, tal y como había hecho en su anterior Tierra de hombres (1939) ganadora del gran premio de Novela de la Academia Francesa, y su definitiva confirmación como escritor.


A partir de 1943 trata de volver a incorporarse al ejercito con las Fuerzas Aéreas Francesas en África del norte, pero le es denegado el permiso como consecuencia de su estado de su salud, debido a la cantidad de accidentes que había tenido y a su avanzada edad para volar 43 años. Se siente desmoralizado y escribe sus dos célebres epístolas "Carta a un rehén" y "Carta al general X". También escribió su última novela "Ciudadela", que vio la luz una vez fallecido.

Al fín readmitido en 1944 en su mismo escuadrón, retoma las misiones desde Cerdeña y Córcega. En el transcurso de una de ellas, el 31 de julio de 1944, su avión desapareció en el Mediterráneo. Los cientos de páginas de La ciudadela que había empezado en 1936, suma alegórica que permanecía inacabada, fueron publicadas en 1948. La prosa de Saint-Éxupery impresiona por un rigor en el que la desnudez retórica asegura la eficacia del relato de acción. Saint-Exupéry mostró siempre que el hombre no es más que lo que hace.
A pesar de sus relatos bélicos, para algunos con reminiscencias bíblicas, en el sentido de mostrar al hombre que se supera ante la adversidad, es su relato breve El Principito, el que en su delicada y difícil sencillez, ha acabado por distinguirse como su legado.


Atoine de Saint-Exupéry frente a uno de los tantos aeroplanos que pilotó.

Desaparición y muerte

El 31 de julio de 1944 el comandante Saint-Exupéry, antes de despegar desde Corcega en una misión de reconocimiento, dejó escrito en su mesa de trabajo: "Si me derriban no extrañaré nada. El hormiguero del futuro me asusta y odio su virtud robótica. Yo nací para jardinero. Me despido, Antoine de Saint-Exupéry". 
Nunca regresó. Se especuló con la posibilidad de que hubiese sido abatido por un caza enemigo, de un fallo mecánico o incluso el suicidio. 

El Lockeed P-38 Lightning, había partido pocas horas antes de Borgo, en la isla de Córcega, cuando los radares dejaron de ver el avión que pilotaba y nunca más se supo de él, cubriendo para siempre al escritor y piloto de un halo de misterio y romanticismo.
Nunca se tuvieron indicios del aviador ni de su nave hasta 1998, cuando un pescador encontró una pulsera a orillas del mar. La joya, que el agua había acercado a la costa de Marsella, tenía grabado el nombre del escritor, pero su autenticidad quedó en entredicho.


El descubrimiento de la joya ayudó a las autoridades francesas a iniciar una búsqueda en el sector. Cinco años después, casi al cumplirse el sexagésimo aniversario de su desaparición, fueron descubiertos en aguas de Marsella restos del avión, cerca del lugar donde años atrás había sido descubierta la pulsera. Las piezas recuperadas fueron decapadas y limpiadas. Sobre un panel de la caja del turbo-compresor, localizada en la viga izquierda del avión, los investigadores descubrieron, según su informe, «una serie de cuatro cifras aisladas y grabadas manualmente»: 2734, seguidas por la letra «L», que significa «left». Se trata, según el informe, «del número de fabricación que el constructor de aviones Lockheed inscribía en sus aviones al lanzar su fabricación en una cadena de montaje». Este número civil correspondía, en la tabla de concordancia de la USAF, a la matrícula militar 42-68223, o sea la del avión de Saint-Exupéry.


Pese al hallazgo, las razones por las que el avión de Saint-Exupéry se estrelló eran un misterio (se había barajado que lo hubiesen derribado, que hubiese perdido el control, un fallo mecánico, problemas de oxígeno o un ataque cardíaco) hasta marzo de 2008.

En 2008 un piloto alemán llamado Horst Rippert confesó al diario francés La Provence que fue él quien derribó el avión en el que desapareció, en 1944, Saint-Exupéry. El militar de 88 años declaró: «Pueden dejar de buscar. Fui yo quien abatió a Saint-Exupéry» y agregó «Fue después cuando supe que se trataba del escritor. Yo esperaba que no fuera él, porque en nuestra juventud todos habíamos leído sus libros y los adorábamos».


El piloto alemán llevaba dos semanas de servicio en la costa sur de Francia cuando en la mañana del 31 de julio de 1944 identificó un «Lightning 38» y se dirigió hacia el aparato. Según el relato que hizo, Rippert siguió al avión francés y le alcanzó con varios impactos, tras lo cual vio que caía sobre las aguas, pero no se percató de qué había ocurrido con el piloto.

 Una de las pocas fotos en color de Saint-Exupéry en un lago cerca de Montreal, en Canadá en 1942.

 

 Monumentos en Francia y Québec a la memoria del piloto y escritor

Trama de Vuelo Nocturno
El piloto Fabien afronta una violenta tormenta en el cielo de Argentina. En BuenosAires, Ravière, su patrón, medita en su oficina. La esposa de Fabien se encuentra muy inquieta sobre el estado de su marido.
Detrás de una pintura de la organización franco-venezolana Aeroposta, la obra trata de la problemática del héroe para quien toda acción revela lo absoluto. La fuerza del hombre heroico es de borrarse frente a este absoluto. Pero el hombre valora a la humanidad por los efectos de su acción. Frente a la solicitud, él asume este significado.

El aviador (L'Aviateur) es el primer relato del escritor francés. En 1926, la publicó en Le Navire d'argent ('El buque de dinero')
La fuerza del relato de Saint Exupéry tiende a una riqueza profunda de tonos con los cuales describe sus impresiones. Voló desde una edad muy joven. Esta experiencia de vuelo y sus cualidades de escritor materializan las impresiones que los aviadores pudieron sentir, sobre todo en los comienzos de la aeronáutica:
La materialización de las impresiones es señalada en la descripción que nos hace sobre la instalación del piloto en su avión: « Le silence est étrange quand on agrafe sa ceinture et les deux courroies du parachute, puis quand d'un mouvement des épaules, du buste on ajuste à son corps la carlingue. »
Juega con las metáforas al comparar el viento de la hélice con un río por la descripción de los movimientos del pasto: « Battue par le vent de l'hélice, l'herbe jusqu'à vingt mètres en arrière semble couler. » Más lejos esta descripción de la sensación física del aire se vuelve sólida, « Il regarde le capot noir appuyé sur le ciel ». Es exactamente lo que sentimos a través de los comandos.

Recomendable lectura para los que nos gustan todos estos temas relacionados con la aviación y sus pioneros. Unos superhombres que, Antoine de Saint-Exupéry nos relata como nadie.