19/11/10

Secuestro y fuga de un IL-76.

En agosto de 1995, el carguero ruso IL-76TD matriculado RA-76842  fue capturado por los militantes del movimiento Talibán. Junto con el aparato también fueron capturados la tripulación compuesta por 8 personas. Aquí está el resumen de su peripecia con final feliz.
El IL-76 era propiedad de una aerolínea privada de Kazan llamada Aerostan. El avión estaba subarrendado por el gobierno afgano para el envío de municiones en la ruta Tirana-Sharjah-Kabul.


La carga estaba conforme con todas las normas de la OACI y se le permitió el envío. No era su primer vuelo a Kabul, no había prohibiciones o limitaciones para el vuelo. Todo estaba aparentemente en orden, por lo que se procedió a realizar el transporte.

Pero sobre el territorio de Afganistán, mientras que el avión volaba de 8.000 metros de altura, fue capturado por aviones de combate MIG-21, que eran propiedad del movimiento talibán. Poco tiempo después, el avión fue obligado a aterrizar en el aeropuerto de la ciudad de Kandahar.


Los talibanes culparon a Rusia y a la tripulación al completo de interferencias en cuestiones internas de Afghanistan y tomaron como rehenes a los tripulantes dejándolos bajo su vigilancia hasta que todo se aclarase y todas sus demandas se cumplieran.
En vano cayeron los intentos de Rusia, las Naciones Unidas, la OCI y los EE.UU. para restablecer la normalidad a la situación y liberar a la tripulación.


Todos los intentos diplomáticos fracasaron en todos los sentidos, y los argumentos se agotaban. La opción más dura era casi imposible en aquel entonces, porque inevitablemente daría lugar a un gran número de víctimas y la muerte de toda la tripulación. Aún así la opción del rescate fue valorada. Algunas negociaciones en la sombra, se llevaron a cabo con las autoridades talibanas. Pero debido a no se sabe que, el acuerdo mutuo por desgracia no se alcanzó.


No antes de pasado un año, 378 días para ser exactos, los pilotos rusos lograron convencer a sus captores de que les dejaran hacer reparaciones en el aparato, el cual llevaba mucho tiempo fuera de uso, así que discretamente y con argumentos sobre la seguridad etc. se les permitió trabajar en el avión y por ende ponerlo a punto para la fuga.

Los que los vigilaban actuaban como siempre observando sus movimientos sin saber realmente cuales eran sus actuaciones ni sus intenciones.
Los ingenieros estaban cerrando la rampa de carga, uno de los pilotos con los motores de arranque y un operador de radio estaba revisando las líneas de comunicación.

                  Detalle de alguna de las pruebas de su estancia entre los talibanes

Con su comportamiento más o menos natural, la tripulación quería evitar a toda costa llamar la atención de sus vigilantes.Tal vez, sólo fue la rampa de carga la que se hizo un tanto incómoda de manipular, bajo la atenta mirada de los guardianes.



Poco a poco fueron probando motores y arrancándolos, para a continuación, dirigirse lo que sería un despegue demasiado corto para el gusto de los pilotos. No es cosa rápida acelerar un avión tan enorme, y además con la sensación de ser perseguidos por algunos de sus captores en un coche militar. Pero la jugada les salió bien y el avión se tragó hasta el último metro de la pista.


Tras el apresurado despegue, el piloto jefe intenta volar hacia la frontera con Irán. Menos mal que todos los permisos necesarios para el vuelo ya estaban previamente concedidos.

Mientras trataban de llegar a la frontera con Irán, el avión  volaba a una altura permanentemente baja entre 50 y 100 metros solamente, y estando en modo de radiosilencio. Algún MIG-21 podría haber salido probablemente en busca de ellos, aunque no en Irán sino en Rusia.

Cuando entraron en el territorio de Irán, el avión ganó altura y retomó su altitud de vuelo normal. En poco más de una una hora aterrizó en el aeropuerto de Sharjah en lo Emiratos Árabes Unidos finalizando su aventura.