26/11/10

¿Había vida antes del radar?

Pues sí, había vida aunque estaba permanentemente sumida en el miedo al bombardeo en época de guerra y de preguerra, así que se intentaba oir llegar la tragedia de esta guisa.

Desde principios de la década de 1930, tanto la Gran Bretaña como Francia continuaban un programa muy importante de desarme que habían empezado la década anterior; en contraste, Alemania, contraviniendo lo estipulado en el Tratado de Versalles inició, con el advenimiento del régimen nazi, un amplio programa de rearme. Los ingleses y franceses creyeron que con una política pacifista controlarían las ambiciones expansionistas alemanas. En pocos años se desarrolló un arma muy poderosa para su época, el bombardero aéreo. El primer ministro británico, Stanley Baldwin, había pronunciado ya en 1932: "Creo que el hombre común debería darse cuenta de que no hay poder sobre la Tierra que lo pueda proteger del bombardeo aéreo.

En la misma década de 1930 fue muy popular el concepto del rayo de la muerte en muchas versiones: podía causar incapacidad física, mental o de otro tipo, y aun la muerte. En un sin número de cuentos, de tiras cómicas, de películas se presentaron rayos desintegradores, rayos caloríficos, rayos que aturdían, etc., cuya popularidad se basaba, en parte, en la creencia de que había más verdad que fantasía en los dispositivos que los producían; sin embargo, no tenían fundamento científico.


El ministro del aire británico llegó a ofrecer una recompensa de mil libras esterlinas al que inventara un dispositivo que pasara la prueba científica. Nadie ganó ese dinero.
El interés del gobierno británico por ese rayo fue muy grande en 1935. Ello se debió a que después de una serie de maniobras militares para probar las defensas de Londres, se convenció de que no tenía defensa contra los bombarderos aéreos. Con la ola pacifista que invadía el país, mucha gente no le daba importancia , a pesar del rearmamento de Alemania. Sin embargo, un pequeño grupo dentro del Ministerio del Aire sí se preocupó por la situación y se creó un centro científico para investigar la forma de mejorar las defensas aéreas de la capital inglesa.


Se probaron diferentes tipos de localizadores de bombarderos. Por ejemplo. se construyeron unos sistemas acústicos, que darían una señal cuando recibiera los sonidos producidos por los aviones atacantes. Muy pronto se dieron cuenta de que este sistema no era funcional ya que no podía distinguir entre el ruido producido por el atacante y otros sonidos, automóviles, animales, etcétera.
 Algunas de las pocas personas que se daban cuenta del peligro que representaba la Alemania nazi, como Winston Churchill, temían que la población de la isla, sin tener hacia dónde escapar, sufriera un ataque aéreo impune. La única fuerza efectiva que tenían entonces, la Marina Real, era cada vez más vulnerable también a posibles ataques aéreos.

Dentro de la desesperación ante la situación de indefensión, se continuaba con la idea del rayo de la muerte, un rayo que lanzado contra los aviones atacantes dejaran a sus pilotos fuera de combate mediante  la elevación de su temperatura corporal, provocándoles fiebre e incluso haciendo hervir su sangre.Se dieron cuenta de que esto no era mucho pedir y que sólo sería necesario elevar la temperatura del piloto atacante a 41ºC aproximadamente, para dejarle incapacitado.Se pensó inteligentemente que, como el cuerpo humano contiene alrededor de 4 litros de sangre y químicamente hablando es casi agua, un rayo que elevara su temperatura a 41ºC por radiación de radiofrecuencia sería equivalente a uno de la muerte.



Los cálculos como era de esperar no salieron, se necesitaba generar una potencia enorme a cualquier frecuencia de radio para producir fiebre en el cuerpo de un piloto de avión, aun en el improbable caso de que su cuerpo no estuviera protegido por el metal del fuselaje.
Como nada cercano a dicha potencia se podía producir, era claro que no era factible un rayo de la muerte por medio de la radio.Pero sí se habían dado cuenta de perturbaciones en la recepción de muy altas frecuencias cuando algún avión volaba en la vecindad de sus receptores y que este fenómeno podría ser útil para detectar aviones enemigos.
Esta última observación, hecha en enero de 1935, dio lugar al inicio de una serie de hechos que culminaron con la invención del radar.




Defensas en la costa británica
Este desarrollo le permitió a Inglaterra proteger sus costas con una cadena de torres de radar a lo largo del Dover, sistema que fue clave para la alerta temprana necesaria para colocar las escuadrillas de cazas en posición de repeler los ataque alemanes.  Obviamente, el mando aéreo alemán en manos de Herman Goering no tuvo la capacidad de planear los ataques adecuados a esas líneas de defensa que sufrieron muy pocos daños durante la Batalla de Inglaterra.   Sin embargo, los alemanes se preguntaban, ¿por qué siempre nos están esperando?
 
Robert Watson Watt superintendente del National Physics Laboratory en Slough and in 1933 fue hecho superintendente del Departamento de Radio en Teddington.  En 1934 recibió el encargo de fabricar un rayo que destruyera aviones en vuelo.  Watt sabía que eso no era posible, pero aprovechó para realizar experimentos de detección de aviones.


 
Watt se mudó a Daventry en Leicestershire y en 1935 hizo unas pruebas con el transmisor de onda corta de la BBC que detectó un avión a 27 Km de distancia. 















La poca visión de Alemania
Hay que destacar que los científicos alemanes no creían que fuera posible utilizar radares en frecuencias más altas a las Muy Altas Frecuencias (VHF), es decir mayores que 300 Mhz.  Por tanto todos los radares a comienzos de la guerra sufrían de imprecisión en el cálculo de la dirección, inherente a los radares de frecuencias bajas.




 Sólo después que los alemanes pudieron examinar un radar británico H2O, es que pudieron copiar el magnetrón para finalmente cruzar la barrera de la muy alta frecuencia (VHF) y pasar a las ultra altas frecuencias (UHF), pero para entonces, ya era tarde para recuperar el liderazgo tecnológico y científico en esa área.  Por otro lado, los alemanes se aferraron a la filosofía del radar pasivo desestimando las cualidades del activo, todo esto explica la razón por la cual los buques alemanes tenían antenas de radar con polarización vertical hasta el fin de la guerra, disposición que causaba interferencia por las reflexiones que ocasionaba el propio mar.


Por su parte la Luftwaffe utilizaba polarización horizontal casualmente para evitar esa interferencia.  Por tanto, todos lo barcos de la Kriegsmarine utilizaban antenas con dipolos verticales.  También los radares alemanes en los submarinos no podían usarse cuando se navegaba sumergido con el Schnorkel, por lo que a pesar de estar equipados con radares, eran simplemente inoperables la mayor parte del tiempo.
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