15/9/10

Air Races. Carreras aéreas (1ª parte)

Lo de las carreras de Red Bull no es algo nuevo. Ya nuestros abueletes disfrutaban mirando al cielo siguiendo el ronroneo de aquellos motores que impulsaban los más que inseguros aviones.
Aún no hacía una década que había nacido la aviación, cuando ya los aeroplanos se empleaban para todo tipo de  utilidades, bien como exhibiciones, bien como correo o ya en 1914 haciendo incursiones sobre terreno enemigo para espiar sus posiciones, o más tarde lanzando bombas a mano.
 Pero como en todo lo concerniente al ser humano, la competitividad inherente al mismo no iba a dejar pasar estos aparatos sin probar quien corría más, o quien llegaba más lejos.
Pero en los inicios no todo era tan fácil como nos lo imaginamos ahora. Eran aviones con tan poca potencia que el peso de una persona más o un arma lo frenaban de manera alarmente.
Justo antes de comenzar la 1ª GM en 1913, el francés Prèvost había conseguido alcanzar los 203 kmh en su pequeño avión Deperdussin. Luego esa velocidades de vértigo no servirían de nada cuando en los escarceos con el enemigo no llegaban a tirotearse a más de 100 kmh.
Locura por la velocidad
Los records de velocidad caían uno tras otro derribados por pilotos que estaban patrocinados por mecenas. Cada record incitaba a la competencia y entrañaba un caudal de experiencias muy valioso para los inventores  de otro nuevo avión militar o comercial.
En 1920 Sadi Lecointe superó los 300 kmh con su Niuport 29 en el aeródromo de Villacoublay.
Ya estaba aquí la locura por la velocidad.

Trofeos como las copas Bennet, el Deutsch de la Meurthe o el Aerial Derby de Londres renacieron después de la guerra.
Aparecieron nuevos mecenas que eran casi siempre Industriales o dueños de algún periódico dispuestos a pagar proyectistas y pilotos para conseguir nuevas marcas, pero sobre todo, llegaron dos acontecimientos que prolongarían la carrera por la velocidad a lo largo de las decadas de los 20 y 30, por el lado europeo la Copa Schneider de hidroaviones, cuyas primeras ediciones se habian producido en 1913 y 1914, y por el por el lado americano la creación del Trofeo Pulitzer










En 1930 se anunciaban así los festivales aéreos en los que miles de personas recorrían medio país para ver un espectáculo en el que no faltaban las acrobacias, los paracaídas, las bandas de música o los fuegos artificiales; pero sobre todo la velocidad.

Ambas copas solo tenían en común la velocidad, el resto era distinto. El Pulitzer promovido por editores americanos, como las National Air Races y los trofeos Thomson y Bendix que le siguieron constituían la mezcla de la pasión que los norteamericanos sentían por la aviación en los años veinte.
                                     Un hidro Nieuport en la Copa Schneider de 1913
La Schneider nació en 1913, su creador fue Jacques Schneider que pensaba que los aviones cada vez serían más grandes y pesados por lo que necesitarían más terreno llano para despegar, y que hay mas espacioso y liso que el mar?. Él conocía bien las dos cosas pues además de ser piloto había llevado canoas motorizadas por la bahía de Montecarlo, de manera que creó un premio para hidros con la condición que el aeroclub que ganara tres veces en el plazo de cinco años se lo adjudicaría definitivamente. También se exigía que los aparatos se movieran por sus propios medios en el mar, al menos durante quinientos metros hasta el lugar elegido para la prueba, cosa que parece una tontería pero que no era fácil para aviones construidos solo para la velocidad y que los flotadores eran solo molestos, aunque inevitables accesorios.

                                                             Schneider race 1923

     Hurel 1923, Trofeo Schneider

     Latham L1 en el Trofeo Schneider 1923

El trinfador del primer race fue Maurice Prévost en 1913, al siguiente año le toco ganar al inglés Howard Pixton, pero la guerra interrumpió la competición durante los cuatro años de conflicto y cuando la copa Schneider se volvió a celebrar, las cosas ya no eran lo mismo.
Los mismos pilotos guardaban en su retina imágenes de ciudades y soldados bombardeados. El trofeo seguía siendo una competición limpia en la que los pilotos se saludaban con cortesía y se felicitaban los triunfos del compañero, mientras que los militares e ingenieros observaban intentando descubrir las superioridades tecnológicas del otro.

    Cashot 1927.  Gloster Napier IVB en tierra firme

    Calshot 1927. Supermarine S.5  Copa Schneider
    Gracias a la ayuda de varias personas se podía emprender la tarea de colocar el avión el agua y preparalo para su navegación hasta la linea de salida.

Cuando los distintos gobiernos eran informados de los logros ajenos, estos no les quedaba otra que inyectar más dinero para salvar el honor patrio.
La copa Schneider de 1.919 se corrió en Gran Bretaña con una densa niebla que reducía la visibilidad a unos pocos metros.
La eterna rivalidad entre franceses e ingleses, se vio interferida por el italiano Guido Janello que además de buen piloto iba a por todas y fue el único participante que concluyó todo el recorrido a pesar de la niebla.
La carrera estaba muy limitada por los estrictos reglamentos, y cuando el italiano apareció volando entre la niebla, los jueces aplicaron las duras reglas para alegar que el piloto se había saltado algunas señales, amparándose en la poca visibilidad. Así que Janello y su Savoia S-13 se quadaron sin trofeo a pesar del coraje demostrado. Los italianos lógicamente arremetieron contra los jueces y veladamente se habló de falta de honestidad, pero al final el compromiso de organizar la carrera de 1920 en Italia apaciguó los ánimos.






 Las races de 1920 y siguiente se celebraron en Venecia, y allí no hubo dudas, más que nada porque solo los italianos estaban en condiciones de participar. Franceses e ingleses no llegaron a disponer de aviones a tiempo, de esta forma el ganador fue Luigi Bologna pilotando otro Savoia S13. En 1921 fue Giovanni de Briganti pilotando un Macchi M-7 quien ganó la preciada copa.


Los italianos, de acuerdo al reglamento de la carrera solo debían ganar otra vez más dentro de esos cinco años consecutivos para quedarse definitivamente con el trofeo, cosa que moralmente ya había sucedido tras la magnífica carrera de Janello.








A pesar de las intenciones de los italianos, los ingleses llegaron en 1922 con ganas de triunfo.
La competición se celebraba en la bahía de Nápoles y el piloto Henri C. Biard a bordo de un Supermarine Sea Lion III fué el ganador.
El aparato eran antiguo pero la pericia del pioto logró que batiera a Passaleva y Zaneti que pilotaban el Savoia S.51 y el Macchi M-17 respectivamente; por tanto la adjudicación definitiva del trofeo no se llegó a producir.

    El piloto ganador de la Copa Schneider de 1922 Henri C. Biard preparándose antes de la carrera.