30/7/10

LAS ALAS REPUBLICANAS

Desde la victoriosa defensa de Madrid hasta el esfuerzo final sobre el Ebro, la aviación republicana, abrumada en muchas ocasiones por la superioridad numérica y táctica del enemigo, escribió sobre los cielos de España numerosas páginas de inútil heroísmo.

Como las restantes armas, la aviación española quedó repartida entre ambos bandos durante el alzamiento del 18 de Julio. En poder de las fuerzas leales al Gobierno permanecieron unos cien aviones, de los que ochenta se encontraban en estado de vuelo; a estos se suele añadir 3 Hawker Fury que iban a ser fabricados en serie por la Hispano para sustituir a los obsoletos Nieuport 52, un Boeing 281, un Hawker Osprey (cuya fabricación también se preveía), un Fokker F-VIIb y un Junkers G-24. Junto a estos aviones militares pueden contabilizarse (los acontecimientos lo justifican) los modernos aparatos de línea de LAPE Lineas Aéreas Postales Españolas, la compañía gubernamental de aviación comercial española. A saber.
Cinco Fokker F-VIIb, tres Junkers  G-24, un Junjers F-13, un British Aeroplanes Eagle y sobre todo , tres bimotores Douglas DC-2, los más modernos del mundo en su tipo por esas fechas.

Cuando estalló la guerra civil, los CASA Breguet XIX constituían el núcleo de las unidades de bombardeo de la Aeronáutica Militar.

Todos ellos fueron utilizados a partir de los primeros momentos de confusión, en un agotador esfuerzo por decidir la suerte de algunas guarniciones indecisas y apoyar a las milicias que luchaban en las ciudades o en los campos  tratando de detener las columnas de los sublevados que avanzaban sobre Madrid; incluso se llegaron a efectuar misiones desarmadas con el solo objeto de mostrar el pabellón y dar ánimo a los milicianos.
                                                         Trimotor Fokker F-VII/b
La obsesiva preocupación por la suerte de Madrid que padeció el gobierno durante las primeras horas del conflicto, acarreó la pérdida del control de amplias regiones del país, y lo que resultó más grave, permitió que los llamados nacionales obtuvieran en numerosas ocasiones superioridad local sobre zonas de importante valor estratégico, tales como Andalucía occidental y el estrecho, posibilitando el paso de este por vía aérea a gran parte del ejercito de Africa, el mejor equipado, el más profesional y el más decidido de los sublevados. Aunque la Marina republicana conservó el dominio del Estrecho durante bastante tiempo, ello no impidió el tráfico de material italiano y alemán con destino a Cádiz y otros puertos del litoral Atlántico.

En Octubre de 1936 llegó a Cartagena el primer lote de 31 ejemplares de Tupolev SB-2 "Katiuska". Este ejemplar asignado al grupo 12, recibió el moteado marrón rojizo sobre el color verde de las superficies superiores. El código Katiuska fue el BK (Bombardero Katiuska) aunque raramente se aplicó a los aviones.

El 8 de agosto se produjo la llegada de los primeros pilotos extranjeros en ayuda de la República. Simultáneamente vinieron 14 cazas Dewoitine 371/372 monomotores monoplanos en parasol que llegaron desarmados y permanecieron casi 15 días en El Prat del Llobregat mientras se les instalaba un par de metralletas Vickers de 7,7 mm en lugar de las cuatro Darne de 7,5 mm originarias. A pesar de las deficiencias ocasionadas por este armamento improvisado que frecuentemente se encasquillaba tras la primera ráfaga, los D 371/372 formaron las escuadrilla de España, creada por iniciativa de André Malraux, y la llamada en ocasiones "segunda Lafayette".
Durante los dos meses posteriores a su llegada constituyeron el material de caza más moderno con que contaba la República. Según sus pilotos durante ese lapso derribaron 21 aviones enemigos.
Polikarpov I-16 tipo 6 "Mosca". Los ejemplares del tipo 6, al igual que el tipo 5, incorporaba una cubierta deslizable hacia delante para el piloto, que en caso de emergencia podía desprenderse en vuelo con accionamiento del pestillo interior en la cabina. La aparición de estos monoplanos cantilever con tren retráctil supuso una amarga sorpresa para los pilotos nacionales.
                                        Polikarpov I-16 Foto de Andre Wadman

 
La guerra en el norte
Si la situación militar era grave para la República en varias regiones, en el Norte, donde solo se conservó una estrecha franja litoral, era casi agobiante. Aislados de espaldas al mar y con un pequeño número de anticuados aviones por toda defensa, los gubernamentales no pudieron evitar la pérdida de San Sebastián y Oviedo. Los escasos refuerzos llegaban con cuentagotas (en Madrid no se olvidaba en independentismo vasco) y eran insuficientes para evitar los bombardeos de las tres escuadrillas Breguet XIX y un grupo de Fokker, que protegidos por una escuadrilla de Nieuport 52, apoyabam  a las fuerzas navarras. Los vascos disponían de tres Ni 52, algunos Breguet, un Dragón Rapide, un Fokker y, según algunos ocho Bristol Bulldog, anticuados cazas biplanos, y nueve bombarderos ligeros Potez 25, que al igual que los Bulldog fueron comprados en Estonia. Esta heterogénea colección de vetustos aviones de combate recibiría el apodo de "Circo Krone".

A principios de 1937, el gobierno Vasco compró una docena de cazas Gordou-Leseurre GL-32. Uno de estos aviones pilotado por Miguel Zambudio atacó en picado al acorazado "España" que se hundió tras ser alcanzado por dos bombas de 100 Kg (foto Archivo de J.A. Guerrero)

Combates sobre Madrid
Los primeros aviones soviéticos en entrar en combate fueron los Tupolev SB-2 Katiuska, bimotores de bombardeo que recibieron de sus oponentes la denominación de Martin Bomber (a resultas de una confusión con el B-10 norteamericano) o Sofía". El 28 de Octubre atacaron el aeródromo de Tablada y su velocidad impidió que fueran interceptados por los FIAT.
Ese mismo día llegaron otros modernos y revolucionarios aviones, los monoplanos de caza Polikarpov I-16 "Yastrebok" (agilucho) apodados en España  como "mosca" por los republicanos y "rata" por los nacionales. Fueron los primeros de tal tipo en volar operacionalmente y también los primeros en prestar servicio con una fuerza aérea. Rápidos y con buena trepada los I-16 constituyeron la gran sorpresa de la guerra civil.
Su presencia sobre el cielo de las capital junto a la de los maniobrables Polikarpov I-15 puso fin a la superioridad de que hasta entonces disfrutaba el bando nacional y contribuyó eficazmente a la defensa de Madrid. Los alemanes se vieron obligados a partir de ese momento a enviar su "material secreto", retirando a los Heinkel 51 y Junkers Ju 52 de la primera línea y relegando progresivamente al primero al ataque al suelo y al segundo al bombardeo nocturno.

Grupo de trimotores Junkers Ju 52/3. Inicialmente estos aparatos constituyeron un material muy valioso por parte de las fuerzas franquistas al contribuir al éxito del cruce de estrecho.

Con los aviones soviéticos llegaron también aviadores rusos, que comenzaron la difícil tarea de reorganizar una aviación casi inexistente al tiempo que combatían. En las unidades  aéreas republicanas, se mezclaba con raras excepciones, personal español con combatientes de otras nacionalidades, llegados a España por diferentes vías y diversos motivos, que iban desde el internacionalismo hasta el más puro interés mercenario.













Para paliar los problemas de suministro de aviones desde la URSS, se estableció en Sabadell una cadena de producción del I-15 "Chato", que alcanzó un ritmo de entregas de dos unidades completas cada tres días. (foto archivo J.A. Guerrero)


Formación de pilotos
En 1936 existían en  España dos escuelas de pilotos correspondientes a servicios de la Aeronáutica Naval, con sedes en barcelona y Argamasilla, y la Aeronáutica Militar con enseñanza elemental en Alcalá de Henares y perfeccionamiento en Cuatro Vientos y Los Alcázares.
Cuando estalló el conflicto, el material de enseñanza de alguna de estas escuadrillas fue empleado en misiones de combate, quedando detenida durante algún tiempo la formación de nuevo personal.
La República, consciente de la carencia que padecía en materia de pilotos expertos, creó la escuela de Alcalá de Henares complementada poco después por la de San Javier. Simultáneamente con el funcionamiento de estas escuelas, grupos de jóvenes seleccionados fueron enviados a la URSS para formarse como pilotos, bombarderos y observadores. Unos doscientos alumnos por curso siguieron los de piloto de caza y bombardeo en Kirovabad (Azerbaiján); a su regreso pasarían directamente a las unidades de combate.

Célebre foto de José Mª Bravo, jefe de la 3ª escuadrilla de Moscas, afeitándose delante de su aparato. En setiembre de 1939 tomaría el mando de la unidad Francisco Tarazona, autor del libro "Yo fui piloto de caza rojo"

El bombardeo
Al iniciarse la guerra civil, la aviación de bombardeo se utilizaba a modo "colonial" casi como un chantaje aéreo o un castigo por la actitud de determinadas poblaciones o guarniciones. Desgraciadamente tal procedimiento duró todo el conflicto. Los ataques estratégicos fueron minoritarios y quedaron casi reducidos a los efectuados por la Aviación Legionaria Italiana.
Desde Baleares, los dos grupos de Bombardeo rápido equipados con Savoia S.79 (difícilmente interceptable por su velocidad y armamento ) y el grupo XXV de Bombardeo Nocturno formado por Savoia 81, llevaron a cabo una campaña de bombardeo estratégico sobre ciudades y puertos del litoral mediterráneo, que contribuyó notablemente a impedir las comunicaciones republicanas a través de un mar, por lo demás infestado de submarinos italianos "piratas".

Por su parte, la Legión Cóndor, cuyo grupo de bombardeo K/88 estuvo inicialmente equipado con Ju 52/3m, se vió obligada a sustituir su material por los más modernos Ju 86, bimotores con motor diésel que no se mostraron muy eficaces y los Heinkel He 111 que adquirieron una sinistra notoriedad tras el bombardeo de Guernica.

 Destinados sobre todo a reconocimiento, 31 Dornier Do 17 de los tipos D y F volaron en España con el A/88 de la Legión Cóndor y posteriormente con el grupo español 8-G-27. En la aviación española fueron conocidos con el apodo de "bacalaos"

Conclusiones
La guerra en el aire desde el lado republicano consistió esencialmente en misiones defensivas en cuanto a la caza y en la cooperación táctica con respecto al bombardeo.
Las incursiones estratégicas llevadas a cabo por los SB-2 carecieron del peso y la persistencia adecuadas para ser consideradas realmente como tales. Por otra parte la carencia de suministros regulares se tradujo en una constante inferioridad numérica, salvo en ocasiones y de forma local. La insistencia de los cazadores republicanos en la demanda de armamento más potente y más numeroso no se concretó, y durante todo el conflicto carecieron del poder de fuego suficiente para derribar con facilidad a algunos coriáceos bombarderos enemigos como el Heinkel He 111 o el S 79, que sin embargo en la II Guerra Mundial, poco podrían hacer ante las ametralladoras o los cañones de 20 mm de los británicos.

 El bimotor de bombardeo alemán más importante durante la guerra civil fué el Heinkel He 111, cuyas versiones B y E fueron utilizadas por el V8/88 y el K/88 antes de que algunos ejemplares pasaran a manos españolas.

Los Polikarpov R-Z "Natacha" fueron empleados en misiones de apoyo cercano y bombardeo ligero, para las que contaban con 8 bombas de 50 kg bajo el plano inferior y una ametralladora ShKAS KM 35 en afuste móvil para el observador. Este Natacha pintado en los colores normalizados republicanos pertenece al ala 1º escuadrilla25.

 El archifamoso Stuka (Junkers Ju 87) fue unos de los aviones alemanes enviados a España para su evaluación real en combate, en este caso con carácter de "material secreto". En 1936 se envió un prototipo y luego seis "Anton", mas tarde sustituidos por seis Ju 87B. Foto de D. Balaguer.







Este anticuado biplano de cooperción conoció sus mejores días durante la guerra civil, utilizado en los grupos españoles de asalto. El Heinkel He 45 "pavo" volaba a 220 km/h y podía cargar hasta 300 kg de bombas.
Polikarpov I-15 de la 3ª escuadrilla. Los "Chatos" constituyeron la columna vertebral junto a los mosca de la caza gubernamental. La maniobravilidad de estos aparatos era superior a la de los FIAT CR32 nacionales.

 Dibujo de un FIAT CR-32 "Chirri" La más notable aportación italiana en número y calidad que constituyó el grueso de la caza de los nacionales. El aquí representado es uno de los primeros ejemplares llegados con su tripulación a mediados de Agosto de 1936.