26/1/10

El progreso aéreo, una nueva libertad

"Los tiempos cambian que es una barbaridad", era una frase hecha muy usada en tiempos pasados , pero lo cierto es a veces justo lo contrario y hay cosas que no cambian nunca; eso son los privilegios de una cierta élite de gentes pudientes.

La nueva libertad solo se la podían permitir los ricos y poderosos, y no había nada más "a la última" en los felices años veinte, que comprar tu propio aeroplano y poder cruzar el canal de la Mancha a toda velocidad para merendar en la campiña francesa.

En 1924. el gobierno Británico ayudó a financiar la creación de clubes de vuelo con intención de promover la aviación privada. El la foto superior vemos una competición en Lympne (Kent). Los aeroplanos más ligeros se alinean para iniciar la competición  Grosvenor Cup.
A largo plazo esta iniciativa daría sus frutos al formarse así una cantera de buenos pilotos que resultaría vital en la sigiente guerra en 1939.


Ninguna aeronave logró superar al dirigible alemán El Graf Zepelin. 
Donde quiera que fuera, se convertía en la gran atracción, como sucedió en la final de la copa FA, celebrada en Wembley  (Londres), 1930.


La envergadura de su góndola  se puede apreciar en esta foto de 1932. Su interior incluía salones de lujo.

                         Sobrevolando Rio de Janeiro en los años treinta
 


El lujo en la aeronaves britanicas se materializó en el modelo R-100. Este modelo de 216 mts de longitud fué fotografiado en Cardington a finales de 1929, fué diseñado por Barnes wallis, a partir de la estructura geodésica, que más tarde se aplicaría a la construcción de los bombarderos Wellington.
Su exitoso viaje inaugural hacia Montreal en Julio de 1930 duró 79 horas y transportó a 44 pasajeros rodeados de un lujo extremo.
Esta foto demuestra el amplio comedor alojado en el fuselaje.
A la una y siete minutos de la madrugada del 5 de Octubre de 1930, llegó el final para Gran Bretaña como potencia mundial en la construcción de grandes aeronaves, cuando el vuelo inaugural R-10 con destino la India, cayó en picado en dos ocasiones durante varios segundos.
En la segunda caida, choco contra una loma en Beauvais (Francia). Los motores impactaron con los depósitos de combustible y los casi 140.000 mts cúbicos de hidrógeno que llevaba estallaron, dejando unicamente intacta la estructura de metal. Solo hubo seis supervivientes de los 54  ocupantes de la nave.
Entre las víctimas se encontraba el director de la aviación civil británica. Su homónima la aeronave R-100 también quedaría reducida a chatarra.

Los alemanes perseveraron en el perfeccionamiento de su diseño hasta 1937, año en que el Zepelin Hindenburg estalló en llamas cuando se disponía a aterrizar en Lakehurst (Nueva Jersey).